El balance de la Operación Verano de la Dirección General de Tráfico deja una combinación inquietante: España registró más desplazamientos y también más víctimas mortales, aunque algunos indicadores de lesiones y de usuarios vulnerables mejoraron. Entre julio y agosto hubo 218 siniestros mortales en vías interurbanas, con 240 personas fallecidas y 926 heridas que necesitaron hospitalización.

La mortalidad aumentó un 4 % respecto al verano de 2025. Son diez víctimas más que el año anterior, cuando se contabilizaron 230. En cambio, el número de personas hospitalizadas descendió en 106, un 10 % menos. La diferencia entre ambas tendencias recuerda que la gravedad final de los siniestros no depende solo de cuántos accidentes se producen, sino del tipo de vía, la velocidad, los vehículos implicados, el uso de sistemas de protección y la rapidez de la asistencia.

Agosto concentró el empeoramiento

El comportamiento fue distinto en cada mes. Julio cerró con 110 fallecidos, cinco menos que en julio de 2025. Agosto, sin embargo, sumó 130, quince más que un año antes. La DGT considera que el conjunto del verano se mantiene en una franja próxima a los dos ejercicios precedentes, pero el repunte de agosto impide hablar de una mejora sostenida.

La movilidad alcanzó un máximo de la serie histórica: 102 millones de desplazamientos de largo recorrido, un 1,5 % más que en el verano anterior. Agosto concentró 52,5 millones y julio, 49,5 millones. El incremento del tráfico ayuda a contextualizar las cifras, pero no las relativiza: el objetivo de seguridad vial es reducir el riesgo incluso cuando aumenta el número de viajes.

El balance difundido por el Ministerio del Interior es provisional. Incluye accidentes ocurridos en vías interurbanas durante julio y agosto y contabiliza los fallecimientos producidos en las primeras 24 horas. La información procede de los agentes encargados de la vigilancia y de los servicios autonómicos con competencias. La estadística definitiva puede incorporar ajustes posteriores, por lo que conviene leer estos datos como una primera fotografía operativa.

Menos motoristas muertos, más ciclistas y peatones

La evolución entre los usuarios vulnerables ofrece una señal positiva, aunque desigual. Fallecieron 92 peatones, ciclistas y motoristas, doce menos que en 2025, lo que representa un descenso del 12 %. La mejora se concentra especialmente en quienes circulaban en motocicleta: murieron 54 motoristas, dieciocho menos que el verano anterior. Es el primer verano desde 2014 en el que su media diaria baja de una víctima mortal.

Esa reducción no elimina el riesgo específico de las dos ruedas. La mitad de los motoristas fallecidos perdió la vida durante el fin de semana, en una carretera convencional y tras una salida de vía. Ese patrón combina tres factores recurrentes de exposición: desplazamientos de ocio, vías con menor separación física entre sentidos y accidentes sin otro vehículo directamente implicado.

La situación fue peor para peatones y ciclistas. Murieron 26 peatones atropellados, tres más que en 2025, y doce ciclistas, también tres más. Entre los peatones fallecidos de noche o en el crepúsculo, trece no llevaban prendas ni elementos reflectantes. Tres de los doce ciclistas muertos no utilizaban casco, obligatorio en carretera. Estas observaciones no trasladan la responsabilidad de los siniestros exclusivamente a las víctimas, pero sí muestran el valor de los elementos de visibilidad y protección.

Las carreteras convencionales siguen concentrando el riesgo

Las vías convencionales volvieron a reunir la mayor parte de la mortalidad. En ellas fallecieron 175 personas, el 73 % del total. Autopistas y autovías registraron 65 víctimas, diez más que el año anterior. La separación de sentidos, los accesos controlados y un diseño más homogéneo suelen reducir determinados choques en las vías de alta capacidad, aunque la velocidad elevada puede agravar sus consecuencias.

La salida de vía fue el tipo de siniestro con más víctimas: 88 fallecidos, catorce menos que en 2025, pero todavía el 37 % del total. Las colisiones frontales causaron 54 muertes y representaron el 23 %. Ambos patrones señalan ámbitos claros de prevención, desde el control de velocidad y alcohol hasta la mejora de márgenes, señalización y sistemas de asistencia al conductor.

El cinturón continúa siendo una deuda elemental. Veinticinco personas que viajaban en turismo o furgoneta murieron sin llevarlo puesto. Interior calcula que su utilización habría evitado aproximadamente la mitad de esas muertes. El Gobierno anunció además su intención de volver a impulsar la reducción de la tasa máxima de alcohol permitida a 0,2 gramos por litro de sangre. Se trata todavía de una propuesta legislativa y no de un límite vigente.

Incendios, eclipse y una movilidad excepcional

El verano estuvo condicionado por circunstancias extraordinarias. Los incendios forestales obligaron a cortar 2.640 kilómetros de carreteras y afectaron a 227 vías. La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil realizó cientos de controles de acceso, cortes e itinerarios alternativos, con 1.599 efectivos movilizados y refuerzos procedentes de provincias próximas.

El eclipse del 12 de agosto generó otro pico de movilidad. La DGT monitorizó 2,3 millones de desplazamientos ligados tanto a viajes de largo recorrido como al acceso a puntos de observación. Tras finalizar el fenómeno, entre las 21.00 y la medianoche, la circulación aumentó un 25,7 % respecto a un día de referencia. La gestión de esos episodios muestra que la seguridad vial también depende de anticipar concentraciones de tráfico poco habituales.

En el acumulado hasta el 31 de agosto, España registraba 734 fallecidos en carretera, dieciséis menos que en el mismo periodo de 2025. La DGT considera esa variación compatible con una situación de estabilidad estadística. El resultado impide convertir un verano adverso en una tendencia anual definitiva, pero tampoco permite bajar la guardia.

La conclusión es doble: la caída entre motoristas demuestra que una tendencia negativa puede cambiar, mientras el repunte general y el peso persistente de las carreteras convencionales exigen mantener medidas de prevención, vigilancia e infraestructura. Detrás de cada balance hay víctimas y familias, y el objetivo no puede limitarse a comparar el año con el anterior, sino a reducir de forma continuada la exposición y la gravedad de los siniestros.