El coste laboral por cada hora efectivamente trabajada en España aumentó un 4,2 % en el segundo trimestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, una vez corregidos los efectos estacionales y de calendario. La estadística publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa así la evolución de los costes del trabajo por encima del crecimiento observado en muchas otras magnitudes económicas, aunque muestra una moderación frente al arranque del año.

La cifra corregida es la referencia más útil para comparar trimestres, porque elimina diferencias derivadas de la distribución de festivos, jornadas y pagas extraordinarias. En la serie original, sin esos ajustes, el avance interanual fue del 4,8 %. La distancia entre ambas lecturas es de seis décimas, una advertencia importante para no presentar como equivalentes dos indicadores construidos con calendarios distintos.

El Índice de Coste Laboral Armonizado (ICLA) no mide únicamente el salario que recibe una persona. Incluye el coste salarial y otros costes vinculados al empleo, entre ellos cotizaciones sociales y partidas no salariales. En la serie corregida, el coste salarial creció un 4,2 % interanual y los otros costes lo hicieron un 4,3 %. La cercanía de ambas tasas indica que el incremento no se concentra en un único componente.

Cinco años de tasas positivas

La serie acumula veinte trimestres con variaciones interanuales positivas. Es decir, el coste por hora trabajada lleva cinco años creciendo frente al mismo trimestre del año anterior. Ese dato describe una tendencia prolongada, pero no significa que el ritmo sea idéntico en todo el periodo. De hecho, la tasa corregida del segundo trimestre se sitúa por debajo de la observada al comenzar 2026.

La nota del primer trimestre publicó inicialmente un aumento corregido del 4,9 %, mientras la serie incorporada en la entrega del segundo trimestre refleja la actualización estadística del periodo anterior. Esta posible revisión de una serie provisional es otra razón para tomar como referencia la publicación más reciente cuando se comparan ritmos.

En comparación con el primer trimestre, el coste por hora avanzó un 0,4 % después de corregir calendario y estacionalidad. En la serie original, en cambio, el salto entre trimestres es mucho mayor por la concentración habitual de pagos extraordinarios en el periodo de abril a junio. Esa diferencia metodológica explica por qué conviene no leer el dato sin especificar qué serie se está utilizando.

El INE mantiene constante la estructura por ramas de actividad para que el índice refleje variaciones del coste y no simples cambios en el peso relativo de cada sector. Esto permite comparar la evolución de actividades muy distintas, aunque no convierte sus niveles salariales en directamente equivalentes. Una rama puede registrar una tasa elevada desde un punto de partida diferente al de otra.

Las mayores subidas se concentran en tres ramas

Administración pública y defensa, junto con la Seguridad Social obligatoria, registraron el mayor aumento interanual corregido, un 6,9 %. A continuación aparecen las actividades inmobiliarias, con un 6,8 %, y la educación, con un 6,5 %. Son tasas superiores a la media del conjunto, pero describen la variación del coste por hora y no una subida uniforme aplicada a todas las plantillas.

En el extremo contrario, el suministro de energíalse de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado presentó un descenso del 9,0 % en la serie corregida. Suministro de agua, saneamiento, gestión de residuos y descontaminación, así como las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento, anotaron los menores aumentos positivos, ambos del 2,2 %.

La amplitud de esa horquilla obliga a evitar una conclusión única para todo el mercado laboral. El dato general resume el conjunto de actividades, mientras que cada rama responde a convenios, composición del empleo, pagos variables y calendarios propios. Para una empresa, además, la evolución concreta dependerá de su sector y de la estructura de su plantilla.

Qué cuenta y qué no cuenta este indicador

El ICLA sirve para seguir el coste de una hora de trabajo desde la perspectiva del empleador y para hacer comparaciones armonizadas. No equivale al sueldo neto que llega a la cuenta bancaria, porque este último depende también de retenciones, cotizaciones a cargo de la persona trabajadora y circunstancias personales. Tampoco permite deducir por sí solo cómo ha evolucionado el poder adquisitivo: para eso habría que contrastar salarios e inflación con periodos y definiciones compatibles.

La estadística tampoco sustituye a la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, que ofrece importes por trabajador y mes, vacantes y otros desgloses. Ambas operaciones se complementan, pero responden a preguntas distintas. El ICLA pone el foco en la hora trabajada y neutraliza cambios en la estructura sectorial; la encuesta trimestral aporta una fotografía más amplia del coste por persona empleada.

Para interpretar el avance del 4,2 % hay que mantener tres cautelas. La primera es distinguir la serie corregida de la original. La segunda, separar coste laboral de salario neto. La tercera, no trasladar la media del conjunto a cada sector o empresa. Con esas precauciones, el dato sí deja una conclusión clara: los costes laborales por hora continuaron al alza entre abril y junio de 2026, aunque el ritmo corregido se moderó respecto al trimestre precedente y las diferencias entre actividades siguieron siendo muy amplias.