
España regresa a una Copa del Mundo femenina de baloncesto ocho años después y lo hace frente al rival que más puede condicionar su camino en la primera fase. La selección se enfrenta a Alemania, anfitriona del torneo, el 4 de septiembre a las 17:45 en el Berlin Arena, en un debut que combina la exigencia deportiva con el simbolismo de volver al escenario mundialista.
El partido abre el grupo A, que completan Mali y Japón. La clasificación no se limita a entrar entre las mejores: la primera de cada grupo pasa directamente a cuartos de final, mientras que la segunda y la tercera deben disputar una eliminatoria previa. Ganar a Alemania permitiría a España tomar ventaja desde el inicio en la pelea por ese acceso directo.
Un equipo entre la experiencia y el relevo
Alba Torrens, de 37 años, actúa como puente con la selección que consiguió el bronce en Tenerife 2018. Es la gran referencia de una generación que convirtió a España en una presencia habitual en el podio internacional. A su lado aparece una jugadora como Awa Fam, de 20 años, representante de un relevo que ya ha ganado protagonismo en el baloncesto nacional.
La distancia entre ambas carreras ilustra el momento del equipo. Torrens debutó con la absoluta en 2008, cuando Fam aún no había cumplido dos años. Ahora comparten una plantilla que intenta conservar la cultura competitiva de la etapa anterior mientras incorpora nuevas responsabilidades, físico y ritmo.
El desafío no consiste solo en sumar talento. Un Mundial concentra partidos y ajustes en pocos días. España volverá a jugar menos de 24 horas después del estreno: se medirá a Mali el 5 de septiembre a las 11:30. Cerrará el grupo frente a Japón el día 7 a las 17:50. Esa secuencia obliga a administrar esfuerzos y encontrar soluciones sin apenas tiempo de entrenamiento entre encuentros.
Alemania mide desde el principio las opciones españolas
La condición de anfitriona añade presión y energía a Alemania. FIBA presenta el España-Alemania como uno de los duelos destacados de la fase de grupos. El enfrentamiento servirá para medir la capacidad española ante un rival europeo conocido, con el apoyo del público y la obligación de competir desde el primer minuto.
España llega con una ventaja histórica clara en los enfrentamientos recogidos por FIBA, pero ese balance no resuelve el partido actual. Las plantillas cambian, el torneo se disputa en Berlín y la importancia de quedar primera convierte el resultado en algo más que una primera toma de contacto.
La selección española ha subido al podio en sus tres últimas participaciones mundialistas: bronce en 2010, plata en 2014 y bronce en 2018. La ausencia de 2022 interrumpió esa trayectoria y explica por qué el regreso de 2026 tiene un valor especial. No es simplemente otra edición, sino la oportunidad de comprobar si el relevo mantiene a España entre las aspirantes a medalla.
El formato premia empezar bien
El Mundial reúne a 16 equipos, distribuidos en cuatro grupos de cuatro. La primera plaza ofrece el premio de saltarse la ronda de octavos y ganar un día adicional para preparar los cuartos. Para una plantilla sometida a tres partidos en cuatro jornadas, ese descanso puede tener un impacto real.
La segunda y la tercera posición permiten continuar, pero añaden una eliminatoria y elevan el desgaste. Por eso el debut ante Alemania concentra buena parte de la importancia táctica del grupo. Mali y Japón presentan perfiles diferentes, pero el duelo con la anfitriona aparece como la referencia inicial para ordenar la clasificación.
Más allá del horario, el interés está en cómo conviven las dos generaciones de la selección. España necesita la lectura y experiencia de Torrens, pero también la energía de quienes disputan su primer gran Mundial. La identidad colectiva, la defensa y la capacidad para mantener el ritmo durante cuatro cuartos serán claves en un partido que no concede margen para entrar lentamente en competición.
El encuentro podrá seguirse en Teledeporte y RTVE Play. Cuando el balón se ponga en juego en Berlín, España cerrará una espera de ocho años y empezará a responder la pregunta central del torneo: si su nueva generación está preparada para prolongar una historia de tres medallas consecutivas en sus últimas apariciones.