España y México han reforzado su relación tecnológica con un memorando de entendimiento que abre un marco común de trabajo en inteligencia artificial, supercomputación, conectividad, ciberseguridad y digitalización de los servicios públicos. El documento fue firmado en Ciudad de México por el ministro español para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, y el director de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones mexicana, José Antonio Peña Merino.

El acuerdo no anuncia una inversión cerrada ni adjudica proyectos concretos. Su importancia reside en que ordena una agenda bilateral extensa, fija mecanismos para convertirla en iniciativas compartidas y enlaza capacidades ya existentes en los dos países. La información oficial española señala que el memorando incorpora un plan de acción y un cronograma. La cobertura independiente consultada precisa, además, que se trata de un instrumento no vinculante: marca objetivos y una hoja de ruta, pero cada actuación deberá concretarse después.

Una agenda que va más allá de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es el elemento más visible del pacto, aunque no el único. Los ámbitos enumerados por el Gobierno español abarcan la supercomputación, los centros de datos, el despliegue de conectividad, la ciberseguridad, la identidad digital, la capacitación tecnológica y la modernización de trámites y servicios públicos. También se contempla aplicar herramientas digitales a la gestión de desastres naturales y a los desafíos vinculados con el cambio climático.

El listado tiene dos planos. El primero es la infraestructura: capacidad de cálculo, centros de datos, redes y seguridad. El segundo es su utilización por las administraciones y el tejido productivo: modelos de inteligencia artificial, simplificación de procedimientos, atención ciudadana, investigación y formación. El memorando prevé programas conjuntos, intercambio de información y buenas prácticas, visitas técnicas, conferencias, cursos y proyectos con organismos públicos, universidades, centros de investigación y empresas.

La secuencia conocida comienza en octubre con trabajos relacionados con la supercomputación y las fábricas de inteligencia artificial. Durante noviembre y diciembre, el foco se trasladaría también a los centros de datos. El plan tiene un horizonte de cuatro años y avanzaría de manera gradual hacia otros campos, entre ellos la tecnología aplicada a emergencias. Ese calendario ofrece una referencia para evaluar el acuerdo: el primer indicador no será una nueva declaración, sino la aparición de equipos de trabajo, proyectos definidos y resultados verificables.

Coatlicue y el puente con Europa

Uno de los puntos de conexión más claros es Coatlicue, la supercomputadora que está construyendo México. La documentación difundida por las partes sitúa al Barcelona Supercomputing Center como una referencia para ese proyecto y para acercar el sistema de supercómputo latinoamericano al ecosistema europeo EuroHPC. El interés español consiste, por tanto, en extender una colaboración científica y técnica que ya tenía antecedentes.

El Gobierno recuerda dos líneas previas. En 2024, el Instituto Nacional de Ciberseguridad de España y el entonces Instituto Federal de Telecomunicaciones de México firmaron un memorando en materia de seguridad digital. El Barcelona Supercomputing Center, por su parte, ha suscrito acuerdos con instituciones científicas mexicanas y con el Instituto Politécnico Nacional para impulsar la inteligencia artificial y la supercomputación. El nuevo texto pretende agrupar y ampliar ese trabajo bajo una agenda común.

México llega a la alianza con proyectos propios que pueden servir de campo de colaboración. Entre los citados por la parte mexicana figuran Nube MX, el Plan Nacional de Ciberseguridad, la simplificación y digitalización de trámites, un centro público de formación en inteligencia artificial y una fábrica de IA que desarrolla soluciones para analizar riesgos aduaneros, fiscales y meteorológicos. No todos esos programas pasan automáticamente a ser proyectos bilaterales; muestran capacidades e intereses sobre los que los equipos deberán acordar actuaciones específicas.

Qué puede cambiar para administraciones y empresas

Para las administraciones, el memorando ofrece una vía para compartir soluciones antes de desarrollar herramientas similares por separado. La identidad digital, la interoperabilidad de datos o la atención ciudadana son áreas en las que una especificación técnica condiciona después la experiencia de millones de usuarios. La cooperación puede reducir duplicidades y facilitar sistemas compatibles, siempre que cada despliegue respete las normas de protección de datos, contratación pública y seguridad de cada jurisdicción.

Para las empresas y los centros de investigación, la oportunidad está en proyectos que combinen el mercado español, el mexicano y sus respectivos vínculos regionales. España aporta su integración en las políticas digitales de la Unión Europea y su infraestructura de supercomputación; México ofrece escala, capacidad industrial y una posición central entre América del Norte y Latinoamérica. El memorando menciona la vinculación con el sector privado, las instituciones académicas y los centros científicos, pero no concede por sí mismo ayudas, contratos ni acceso preferente.

Óscar López ha defendido una “tercera vía digital” basada en datos interoperables, modelos abiertos y colaboración, frente al predominio de Estados Unidos y China. Esa fórmula expresa la ambición política del acuerdo, no una arquitectura tecnológica ya construida. Su alcance dependerá de decisiones posteriores sobre estándares, compras públicas, gobernanza de datos, propiedad intelectual y acceso a capacidad de cálculo.

Una hoja de ruta que tendrá que rendir cuentas

El carácter no vinculante no resta valor al pacto, pero obliga a leerlo con precisión. Por ahora existen una lista amplia de campos, un cronograma inicial y mecanismos de cooperación. Faltan presupuestos, responsables por proyecto, hitos públicos y criterios para medir resultados. La primera prueba llegará con las actividades anunciadas para octubre y con la capacidad de ambas administraciones para publicar avances comprobables sin confundir intenciones con productos terminados.

La principal novedad para España es que la relación con México incorpora una agenda tecnológica estructurada y transversal. Si el calendario se cumple, la alianza podría conectar investigación, infraestructura y servicios públicos en proyectos compartidos. Si no se traduce en entregables, quedará como una declaración de voluntad. Desde ahora, el plan permite exigir algo que hasta el momento era más difuso: fechas, responsables y resultados para cada una de las áreas anunciadas.