
Los resultados de PISA 2025 colocan de nuevo la comprensión lectora en el centro del debate educativo español. La evaluación internacional, publicada el 8 de septiembre y coordinada por la OCDE, muestra un retroceso simultáneo en las tres competencias troncales analizadas. España obtiene 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas. Los tres registros quedan por debajo de las medias de la organización, fijadas respectivamente en 482, 461 y 463 puntos, y también por debajo del conjunto de la Unión Europea.
La brecha con la OCDE es de 5 puntos en ciencias. En lectura, la diferencia se amplía a 10 puntos, mientras que en matemáticas es de 6. Esas distancias no describen por sí solas todo el sistema educativo, pero sí permiten comparar el rendimiento de estudiantes de edad semejante sometidos a un marco común de evaluación. En esta edición, las ciencias fueron el dominio principal; lectura y matemáticas actuaron como áreas secundarias.
Una muestra amplia y una caída que exige contexto
En España participaron casi 30.000 estudiantes de 15 y 16 años pertenecientes a 956 centros educativos. El 77 % cursaba cuarto de Educación Secundaria Obligatoria. La muestra cubre todas las comunidades y ciudades autónomas y forma parte de un estudio en el que participaron 90 países, 38 miembros de la OCDE y 52 asociados, según la información difundida por el Ministerio de Educación.
El Ministerio señala que entre 2022 y 2025 aumentó la proporción de alumnado situado en los niveles bajos de rendimiento y disminuyó la de quienes alcanzan los niveles altos. El deterioro se observa también en otros países, pero en términos absolutos fue más acusado en España. Esta combinación obliga a evitar dos lecturas simplistas: ni el resultado puede reducirse a una única reforma educativa ni la tendencia internacional elimina la responsabilidad de analizar qué está fallando en el sistema español.
La calidad de la muestra también ha entrado en la conversación pública. El País informó de que la proporción de estudiantes excluidos de las pruebas en España superó el umbral ordinario utilizado por PISA, aunque la OCDE validó los resultados nacionales después de revisarlos. Las advertencias son mayores para determinados territorios y aconsejan prudencia al convertir los datos autonómicos en una clasificación cerrada. El resultado nacional, en cambio, mantiene validez para la comparación internacional según la organización.
Perseverancia y pertenencia, dos fortalezas poco visibles
El informe no se limita a medir respuestas correctas. También examina factores que influyen en la capacidad de aprender. El alumnado español declara un índice de perseverancia de 0,26, frente al valor de referencia 0 del promedio de la OCDE y al -0,04 de la Unión Europea. En curiosidad por el aprendizaje de las ciencias, España alcanza 0,12, también por encima de los dos promedios comparados.
El sentido de pertenencia al centro es otra de las fortalezas. España registra un índice de 0,46, frente a 0,09 en la OCDE y 0,12 en la Unión Europea. Estos indicadores no compensan las puntuaciones más bajas en competencias, pero aportan información práctica: una parte importante del alumnado mantiene vinculación con la escuela y disposición a perseverar. Esa base puede ser útil para diseñar refuerzos que no se limiten a aumentar horas o repetir ejercicios.
La equidad ofrece igualmente una señal relevante. La distancia media entre alumnado favorecido y desfavorecido por origen socioeconómico es menor en España que en el promedio de la OCDE y de la Unión Europea. El dato indica que el sistema amortigua parcialmente las desigualdades de partida, aunque no las elimina. La pérdida general de rendimiento puede afectar con más intensidad a quienes disponen de menos apoyos fuera del aula, de modo que cualquier respuesta necesita combinar mejora académica y protección de la equidad.
La lectura como pieza que conecta las demás competencias
El retroceso lector tiene efectos que van más allá de la asignatura de Lengua. Comprender instrucciones, identificar información relevante y mantener la atención ante textos extensos son destrezas necesarias para resolver un problema matemático, interpretar un experimento o evaluar una afirmación científica. Por eso, el debate posterior a PISA ha girado hacia el trabajo sistemático de la lectura en todas las materias.
El Gobierno ha vinculado su respuesta a dos proyectos legislativos que aún deben completar su tramitación parlamentaria. Uno plantea reducir el número máximo de alumnos por aula y otro elevar a 16 años la edad mínima de registro en redes sociales. Son propuestas, no medidas ya vigentes, y su impacto dependerá del texto final, los recursos disponibles y la aplicación por las comunidades autónomas, responsables de buena parte de la gestión educativa.
El portal del Instituto Nacional de Evaluación Educativa confirma que los resultados troncales se publicaron el 8 de septiembre. PISA 2025 incorporó además un ámbito innovador sobre aprendizaje en el mundo digital. El desarrollo completo de esos resultados está previsto para mayo de 2027, mientras que la evaluación de lengua extranjera se publicará en abril de ese año. Esto aconseja no atribuir todavía a las pantallas una explicación única del descenso: el informe disponible permite observar asociaciones y resultados, pero no cerrar por sí solo una causalidad.
Qué debería cambiar a partir de ahora
La utilidad de PISA no reside en producir un ranking, sino en identificar problemas verificables y evaluar políticas. España necesita saber qué prácticas conservan mejor la comprensión lectora, por qué algunos centros logran sostener resultados con alumnado vulnerable y cómo se distribuyen los niveles bajos y altos entre territorios. También será necesario revisar la calidad de las muestras autonómicas para que futuras comparaciones sean sólidas.
El siguiente paso corresponde a administraciones, centros y comunidades educativas. Refuerzo lector temprano, bibliotecas escolares activas, formación docente, atención individualizada y evaluación de programas son líneas que pueden medirse. La perseverancia y el sentido de pertenencia que declara el alumnado ofrecen un punto de apoyo, pero no sustituyen una mejora observable en las competencias.
PISA 2025 deja así una imagen doble. Los estudiantes españoles expresan motivación para aprender y una relación relativamente fuerte con sus centros, mientras sus resultados académicos se alejan de los promedios internacionales. Convertir esa disposición en aprendizaje efectivo será el reto central de los próximos cursos.