La temporada alta del turismo internacional en España empieza a perder parte de su antigua concentración en julio y agosto. Mayo de 2026 recibió 10.260.070 visitantes extranjeros y, según el análisis publicado el 6 de septiembre de 2026 por El País, superó por primera vez el volumen de junio. La novedad no significa que el verano haya dejado de ser el gran motor del sector: julio volvió a marcar un registro mayor, con 11.538.796 llegadas. Sí indica, en cambio, que la demanda se está repartiendo entre más meses del calendario.

Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística permiten medir el cambio sin confundirlo con una caída de actividad. En mayo llegaron un 9,5 % más de turistas internacionales que en el mismo mes de 2025. Durante los cinco primeros meses del año se contabilizaron 36.821.120, un 5 % más. Julio de 2026, dato de FRONTUR publicado el 1 de septiembre de 2026, creció otro 4,64 % interanual. España recibe más viajeros y, al mismo tiempo, una parte mayor elige periodos que tradicionalmente quedaban fuera del centro del verano.

Un verano todavía dominante, pero menos concentrado

La fotografía de varios años muestra el desplazamiento con mayor claridad. El cálculo difundido por El País a partir de las series turísticas sitúa en el 35,5 % el peso conjunto de junio, julio y agosto sobre todas las llegadas de 2022. Ese porcentaje bajó al 33,6 % en 2023, al 33,1 % en 2024 y al 32,8 % en 2025. La diferencia acumulada es de 2,7 puntos porcentuales en tres años.

Conviene leer bien ese indicador. No dice que haya menos turistas en verano, sino que el resto del año crece a un ritmo suficiente para ganar cuota. El récord de mayo encaja en esa tendencia. La primavera ofrece días largos, temperaturas generalmente más suaves y una presión menor sobre algunos destinos. Para parte de los viajeros, también permite sortear los precios más elevados, las aglomeraciones y los episodios de calor extremo que se concentran en los meses centrales.

La comparación entre mayo y julio muestra asimismo que no todos los meses se han igualado. Julio recibió 1.278.726 turistas más que mayo. El verano conserva una ventaja considerable, ligada a las vacaciones escolares y laborales y a la oferta de sol y playa. Lo que cambia es la forma de la curva anual: el pico sigue ahí, pero los hombros de primavera y otoño se ensanchan.

Más llegadas por aire y un reparto territorial desigual

FRONTUR contabilizó 9.234.063 entradas por vía aérea en julio, casi cuatro de cada cinco del total mensual y un 4,97 % más que en julio de 2025. Por carretera llegaron 1.973.116 personas, un 0,91 % menos. La vía marítima sumó 294.660 turistas y registró el avance relativo más intenso, un 56,34 %, mientras que el ferrocarril quedó en 36.958 llegadas, con un descenso del 25,94 %. Son datos provisionales y el propio INE advierte de que se revisarán según su calendario estadístico.

El reparto entre comunidades tampoco es uniforme. En mayo, Cataluña fue el principal destino, con el 21,1 % de las llegadas, seguida de Baleares, con el 20,6 %, y Andalucía, con el 15,9 %. Respecto a mayo de 2025, el número de turistas subió un 13,1 % en Cataluña, un 5,2 % en Baleares y un 12,7 % en Andalucía. La extensión de la temporada, por tanto, no elimina las diferencias territoriales ni la presión sobre los lugares con mayor concentración.

También varía la forma de alojamiento. En mayo creció un 5 % el uso de hoteles, pero las viviendas de alquiler aumentaron un 26 %. El alojamiento de no mercado —como viviendas propias o de familiares y amigos— avanzó un 23,2 %. Es una combinación relevante para interpretar los efectos locales: una temporada más larga puede dar continuidad al empleo y a la actividad de empresas turísticas, pero también prolongar durante más meses la demanda de vivienda, transporte, agua y servicios municipales.

Qué impulsa el viaje fuera de julio y agosto

La información recopilada por El País entre empresas del sector sitúa detrás del cambio tres factores principales: precio, masificación y clima. Viajar en mayo, septiembre u octubre puede ofrecer tarifas más asequibles y una experiencia menos saturada. A ello se añade que las olas de calor hacen menos atractivas algunas fechas para quienes pueden mover sus vacaciones.

No todos los viajeros cuentan con esa flexibilidad. Las familias con menores escolarizados y muchos trabajadores continúan sujetos al calendario tradicional. Por eso la desestacionalización no sustituye el verano, sino que suma demanda en otros momentos. El fenómeno beneficia primero a los segmentos con más margen para escoger fechas: parejas sin hijos en edad escolar, jubilados, trabajadores con vacaciones flexibles y visitantes que priorizan cultura, naturaleza o gastronomía frente a la playa.

La oferta se adapta a ese nuevo calendario. Mantener hoteles, rutas y servicios abiertos durante más tiempo puede estabilizar plantillas y amortizar mejor las infraestructuras. Pero la decisión empresarial depende de que exista demanda suficiente de forma continuada. Una buena cifra aislada en mayo no garantiza por sí sola once meses de actividad; la señal gana fuerza cuando se observa junto con la pérdida sostenida de peso del trimestre veraniego.

Una oportunidad que exige medir la presión

Repartir visitantes a lo largo del año puede reducir los picos de congestión y suavizar la estacionalidad laboral. No resuelve automáticamente, sin embargo, los problemas asociados a un gran volumen de llegadas. Si el número total continúa creciendo, la presión puede extenderse en el tiempo en lugar de desaparecer. El avance de la vivienda turística frente al alojamiento hotelero refuerza la necesidad de seguir su efecto sobre el mercado residencial y los barrios.

La lectura útil de los datos, por tanto, no consiste en celebrar un récord mensual de forma aislada. Hay que vigilar la combinación de volumen, gasto, estancia, alojamiento y distribución geográfica. FRONTUR aporta el número de visitantes; otras estadísticas permiten completar el cuadro con el gasto y las pernoctaciones. Juntas ayudan a saber si la ampliación de la temporada mejora el valor económico sin trasladar costes desproporcionados a los residentes.

Con 36,8 millones de turistas internacionales hasta mayo y otros 11,5 millones solo en julio de 2026, España avanza hacia otro año de gran afluencia. La noticia estructural está en el calendario: mayo ya compite con junio y el corazón del verano representa una parte menor del total anual que desde 2022. El reto es convertir esa redistribución en actividad más estable y en una gestión más equilibrada, no simplemente en más meses de saturación.