Una columna de opinión firmada por Mónica Martínez-Bravo y publicada en EL PAÍS a las 05:30 CET del domingo 25 de octubre relacionó los ingresos de municipios turísticos con la prosperidad que alcanza a quienes viven y trabajan allí. El Atlas de Distribución de Renta de los Hogares que el Instituto Nacional de Estadística publicó el 19 de octubre, con datos de 2024, permite observar diferencias entre municipios y secciones censales. Sus tablas muestran dónde se sitúan los ingresos, pero no bastan para explicar por qué son bajos ni para medir el bienestar completo de una población.

La distinción importa cuando una cifra local se usa para valorar un modelo económico. Una renta media resume ingresos bajo una definición concreta. No explica qué actividad los generó, cuánto cuesta vivir en la zona ni cómo se distribuyen entre quienes trabajan en cada sector.

La escala local cambia lo que se puede ver

El promedio nacional ofrece un punto de referencia, no el retrato de todos los hogares. La renta neta media por persona fue de 15.948 euros en 2024, un 6,1 % más que en 2023. La media por hogar alcanzó 40.605 euros. Ninguna de las dos cifras indica lo que recibe el hogar que ocupa el centro de la distribución. Para acercarse a ese punto hace falta mirar una mediana o un tramo de ingresos.

La diferencia entre municipios ayuda a localizar contrastes. Entre los municipios con más de 2.000 habitantes, Pozuelo de Alarcón registró la renta neta media anual por persona más alta, con 32.612 euros. Iznalloz, en Granada, quedó en el extremo inferior de la clasificación, con 9.153 euros. La distancia entre ambas medias es de 23.459 euros al año. El corte de población es relevante: esas posiciones no son una clasificación de todos los municipios españoles. Tampoco significan que cada vecino de una localidad reciba una cantidad cercana a la media.

El Atlas baja otra escala, hasta la sección censal, y permite observar cómo se distribuyen esas áreas dentro de una ciudad. En 2024, la renta neta media por persona del decil superior de secciones censales superó los 21.652 euros. En el decil inferior quedó por debajo de 11.322 euros. Dentro de Madrid capital, el 39,3 % de las secciones censales estaba por encima del umbral superior y el 7,8 % por debajo del inferior. En Alicante, el 29,3 % de las secciones se situaba en el tramo bajo.

Estos porcentajes describen la proporción de secciones de cada capital, no la parte de sus habitantes que pertenece a un grupo de renta. Además, los deciles son posiciones relativas dentro de la distribución nacional. Estar en el decil superior significa superar el umbral que separa las secciones con rentas más altas en ese año. No equivale a una categoría estable de prosperidad ni a un umbral de riqueza personal.

La media y la mediana responden a preguntas distintas

La renta neta media por persona se calcula al dividir los ingresos netos del hogar entre todos sus miembros. La renta por unidad de consumo responde a otra pregunta. También parte de los ingresos del hogar, pero ajusta el cálculo a su composición para que hogares de distinto tamaño sean más comparables. La escala modificada de la OCDE asigna un peso de uno al primer adulto, de 0,5 a cada persona adicional de 14 años o más y de 0,3 a cada menor de 14 años. El valor resultante se atribuye a todos los miembros del hogar.

Ese ajuste considera que compartir vivienda y gastos permite algunas economías de escala. No mide el coste efectivo de una familia concreta ni el salario individual de cada persona. Por eso conviene nombrar la unidad utilizada junto a cualquier cifra. Decir que una ciudad tiene una renta media por persona de 15.948 euros no equivale a afirmar que cada residente gana esa cantidad.

La tabla nacional permite comparar media y mediana dentro de la misma unidad. La renta media por unidad de consumo pasó de 22.318 euros en 2023 a 23.643 en 2024, un aumento del 5,9 %. La mediana avanzó de 19.250 a 19.950 euros, un 3,6 %. La media suma todos los valores y puede moverse más cuando cambian los ingresos situados en la parte alta. La mediana marca el punto que divide la distribución en dos mitades. La diferencia entre sus variaciones no identifica por sí sola qué grupos mejoraron ni explica la causa del cambio, pero muestra por qué un promedio aislado deja preguntas abiertas.

El Atlas reúne otros indicadores para responderlas mejor. Incluye porcentajes de población por debajo de umbrales fijos o relativos, renta por fuentes de ingreso, índice de Gini y distribución P80/P20, además de variables demográficas. En conjunto permiten distinguir si una media se acompaña de una distribución más o menos desigual, si los salarios o las prestaciones pesan más y cómo cambian los resultados por edad, sexo o nacionalidad. Ningún indicador sustituye automáticamente a los demás.

Las variaciones que publica la nota están expresadas en euros y comparan 2024 con 2023. No son una medida de poder adquisitivo ajustada por el coste de la vida. Para valorar cuánto podía comprar un hogar habría que comparar la evolución de esos ingresos con la de los precios en el mismo periodo. También habría que tener en cuenta que los gastos, en especial la vivienda, varían entre territorios.

Los registros fiscales delimitan la estadística

El Atlas se construye a partir de registros administrativos. La información tributaria procede de la Agencia Estatal de Administración Tributaria y de las haciendas forales. En Navarra se emplean datos facilitados por Nastat. El lugar de residencia del perceptor asigna la renta al territorio. Para la población se utilizan datos del Censo Anual de Población.

Este método ofrece una cobertura geográfica que sería difícil obtener con una encuesta local para cada barrio. A la vez, define qué población e ingresos entran en el cálculo. La metodología describe a las personas residentes en viviendas familiares y calcula la renta sobre quienes aparecen con algún tipo de ingreso en los modelos tributarios. El INE denomina a este grupo población encontrada. La propia metodología advierte que no incluye cualquier ingreso que pudiera aparecer en fuentes tributarias, sino aquellos compatibles con la residencia de la persona.

Ese alcance explica por qué el Atlas y la Encuesta de Condiciones de Vida no siempre ofrecen la misma cifra para un concepto parecido. La encuesta combina respuestas de hogares con información tributaria y puede recoger ingresos no capturados en los registros fiscales, como los de la economía informal o algunas pensiones de personas extranjeras. También tiene sus propios límites, porque es una muestra y puede representar peor a hogares con rentas muy altas. El INE recomienda comparar ambas fuentes con cautela.

La expresión renta neta también debe leerse dentro de su definición estadística. El INE señala que la renta neta del Atlas no equivale a la renta neta de la Contabilidad Nacional. Cambian el ámbito de población y el tratamiento de partidas como intereses, indemnizaciones y algunas prestaciones sociales. Una comparación entre esas cifras solo es válida después de revisar qué ingresos incluye cada operación y a quién considera.

En las zonas muy pequeñas el dato puede ser asignado

La desagregación territorial tiene reglas de protección y tamaño mínimo. Los indicadores de fuentes de ingreso, Gini y P80/P20 solo se publican en secciones censales, distritos y municipios con al menos 100 residentes. Para las medias por persona y hogar, el Atlas publica cifras en unidades más pequeñas, pero puede asignarles el valor de un ámbito superior cuando la sección o el distrito no alcanza ese umbral.

Los municipios con menos de 100 habitantes reciben un tratamiento específico. En las ediciones actuales, los valores medios por persona y hogar se calculan promediando los municipios pequeños de la misma comarca agraria. Si ese conjunto no suma 200 residentes, el INE no publica el valor. La regla protege el secreto estadístico y evita presentar una cifra demasiado precisa para una población diminuta. También significa que una cifra asignada a un municipio muy pequeño no describe exactamente los ingresos de sus propios vecinos.

Al mirar un mapa, por tanto, no todas las manchas corresponden a una observación con la misma granularidad. Para algunos indicadores hay límites de publicación. Para algunas medias, la cifra puede proceder de una unidad territorial mayor. Consultar la nota metodológica junto al mapa evita leer como dato individual una estimación agregada.

La renta no explica por sí sola el bienestar

El Atlas puede mostrar que dos municipios o dos secciones tienen rentas medias distintas. No permite atribuir esa diferencia a una actividad económica concreta. Una zona turística con ingresos residentes bajos ofrece una señal que merece estudio, pero el Atlas no permite saber por sí solo qué parte de la población trabaja en turismo, cuánto cobra, quién es propietario de los negocios o cuánto paga cada hogar por la vivienda. La estadística presenta fuentes agregadas de renta, pero no sigue el recorrido del valor generado por una industria hasta cada trabajador.

Para evaluar esa relación harían falta datos de empleo y salarios por actividad, junto con precios del alquiler, costes de transporte y composición de los hogares. Para hablar de bienestar también cuentan el patrimonio, las deudas, la seguridad laboral, el acceso a sanidad y educación, los cuidados y el tiempo disponible. Esas dimensiones no forman parte de los indicadores de renta del Atlas.

Una renta alta puede coexistir con una carga de vivienda elevada. Una media modesta puede resumir situaciones muy distintas entre personas con empleo, pensionistas, hogares con varias fuentes de ingreso o residentes que no aparecen en los mismos registros. La mediana, los umbrales de ingresos y los indicadores de desigualdad ayudan a reconocer parte de esas diferencias, aunque tampoco describen por completo las condiciones de vida.

La utilidad del Atlas está en precisar el año, la unidad, el territorio y la distribución de los ingresos que observa. La edición publicada el 19 de octubre hace posible comparar 2024 desde el país hasta áreas pequeñas, con criterios comunes y resultados administrativos. Para convertir ese mapa en una explicación del bienestar, hace falta combinarlo con datos de vivienda, precios, empleo y servicios. Sin esa segunda lectura, una clasificación de renta puede acabar diciendo más de lo que sus cifras permiten.